Después de haber estado un mes perdida entre las aguas del
océano Pacífico me dispongo a poner palabras a las miles de imágenes nuevas que
tengo almacenadas. No puedo decir que sea tarea fácil, en realidad me gustaría
explicároslo todo cara a cara, que pudierais ver cómo se reflejan los corales y
las islas en mis ojos. Pero también para ello falta poco, porque en unas
escasas dos semanas volveré a pisar “terres catalanes”. Os explicaré el mes en Bomoh dividiéndolo en
tres posts diferentes basados en tres momentos del sailing trip:
· Hay una ola que lleva tu nombre_ A bordo de Bomoh
· Los ojos de la tortuga_ Las profundidades marinas
· La puerta del arco iris_ Tierra (y cielo) a la vista
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La ruta tomada, des de Brisbane hasta Cairns. |
Empecemos primero con algunos detalles más técnicos. Bomoh
es el nombre del barco y quiere decir curandero en malaisiano.
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Bomoh y yo, que me ha llevado a descubrir la east coast australiana. |
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El interior. Ken y Josep preparando la ensalada para comer :) |
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My cabin! |
Hemos
sido un total de seis durante el mes que
estuve, y las dos últimas semanas se añadió una francesa, Dorothee. Ralph, el
“skipper” o patrón, es australiano igual que Sam y Ken. Luego había también
Michael, de Israel, con el que incluso tuve la oportunidad de aprender un poco
el hebreo. Y finalmente, Josep, de Menorca. ¡Quién se hubiera imaginado que me
encontraría con un catalán entre el “crew” surcando la costa este australiana!
Curiosas coincidencias…
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Afternoon on the cockpit |
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Coffee time!
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Los tres monos del barco! ;) |
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Yo al timón! (Y el skipper controlando...) |
HAY UNA OLA QUE LLEVA TU NOMBRE_ A bordo de Bomoh;
Con la frase “Hi ha una onada que porta el teu nom i és millor
que no te la trobis mai” empezó una de las mañanas en el barco, levantándome a
las seis y saliendo a la cubierta sosteniendo una taza de café humeante entre
mis manos. El mismo cielo que el día
antes nos ofrecía colores rojos del atardecer, nos mostraba la salida del sol. Y
las conversas, igual que el vaivén de las olas, fluían con mucha emoción en
distintos momentos sobre el barco. En Josep, que también estaba observando el
amanecer, me regaló esas palabras. Miré el océano que me rodeaba y pensé en el
poder de atracción y a la vez de mucho respeto que alberga en él. Así que me
imaginé que en algún lugar de la masa de agua del mundo, una ola con mi nombre
escrito avanza impasible. ¿Qué historias estará contando?, ¿dónde acabará
rompiendo?.
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Amanecer |
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Ken y Josep en la proa, esperando indicaciones para echar el áncora. |
Viento y olas es lo que necesita un velero para avanzar.
Pero para ello, unas velas deben abrazar el viento que sopla y alguien tiene
que manejar el timón. A día de hoy puedo decir que he sentido la fuerza con la
que el agua golpea el barco al intentar hacer maniobras para seguir el curso
indicado. En ocasiones llovía y las rachas de viento venían sin avisar. Pero
todos estos fenómenos solo hacían que sumar a la aventura. He aprendido también
unos cuantos nudos marineros que estoy segura que me serán útiles en más de una
ocasión. Me han enseñado a localizar nuestra posición en el “navegation chart”
y calcular distancias.
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Forma de las velas que se usa cuando el viento viene directamente de popa. Se le llama "orelles de burro" en catalán o goosewings en australiano ;) |
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La vela espín, que se usa en vientos ligeros y tiene una gran superficie. El nombre anterior del barco era "Tropic bird".
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Sam en su posición cerca del navigation chart. |
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Dealing with a bit of rain... but having heaps of fun! |
He intentado hacer vídeos de la magnitud de las olas, pero
como ocurre a menudo, es difícil encuadrar momentos de tanta fuerza natural en
la pantalla de una cámara. En realidad, esta es mi excusa para avisaros que la
cantidad de fotografía tomadas no es la deseada. Así que espero que con
palabras pueda llenar los huecos.
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En estos momentos las olas hacían balancear el barco en todas direcciones. Lo mejor era estar fuera y dejar que el aire rozara tu cara. |
Muchas veces me colocaba a la proa de Bomoh, apoyándome
sobre una de las velas y me pasaba horas mirando cómo avanzábamos. Alguien
diría ¿qué hay de interesante en observar el mismo paisaje durante tanto
tiempo? Yo les contestaría des de dos perspectivas. Una; el tiempo. Creo que
éste deja de tener sentido sobre un barco. Las noches y los días se difuminan y
las nuevas experiencias que vives no las organizas en carpetas con el día y la
hora indicada sino que son recuerdos que quedan suspendidos alrededor de lo que
yo llamo “my sailing trip”.
La otra respuesta que daría es que algo, por muy monótono
que parezca, está inmerso en un cambio constante. En este caso sería el ángulo
con el que Bomoh sube y baja las montañas de agua, el ruido, la forma de las
olas, cómo inciden los rayos del sol, la línea del horizonte, la vida marina
que cada dos por tres aparece alrededor y, por supuesto, los pensamientos que
tú creas.
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Delfines ofreciéndonos una visita. ^^ |